La razón de más peso para retirar la uralita es la seguridad. Mientras el material está entero y nadie lo toca, las fibras permanecen fijadas al cemento: el riesgo aparece cuando la plancha se degrada con los años, se rompe o se manipula sin los medios adecuados, porque entonces esas fibras quedan libres en el aire y pueden inhalarse.
Las enfermedades asociadas al amianto se vinculan a la exposición repetida a lo largo del tiempo, no a un contacto aislado. De ahí que lo desaconsejable sea convivir con una cubierta deteriorada o intentar desmontarla por cuenta propia: al sustituir el tejado con medios autorizados, el material sale del edificio y con él la posibilidad de que esas fibras se liberen.